Cultura
Fecha de publicacion: 2020-09-26 / 04:48:17 / Fuente: Ultima hora
José Asunción Flores en la Batalla de Boquerón
En setiembre de 1932, el joven músico participó de los sangrientos combates para la reconquista del citado fortín, siendo evacuado antes de la batalla final. En sus Memorias relata aspectos poco conocidos sobre esta etapa en que estuvo al borde de la muerte.

Varios son los escritos y las versiones en torno a si el gran músico participó o no de la Guerra del Chaco. Una campaña del régimen hacia 1975 quiso negar la repatriación de sus restos, afirmando que no había estado en dicho conflicto bélico y, por lo tanto, era un “traidor a la patria”.

Otra versión indica que el creador de Gallito cantor había ido en carácter de director de una banda de música que actuaría en distintos frentes de batalla. Otra indica que en medio del conflicto, junto a otros compañeros, cayó en la cuenta de que era una guerra impulsada por dos grandes compañías internacionales en torno al petróleo, una guerra imperialista en consecuencia. También circula la opinión de que un par de amigos se propusieron salvarlo de la guerra y que uno de ellos llegó hasta el comando de Regimiento 2 de Mayo en la trinchera y le explicó a su jefe la importancia de preservar la vida de un músico joven y con una trayectoria valiosa, a lo que el jefe militar accedió y así consiguió sacarlo del sitio.

Pero ¿qué hay de verdad en estas versiones? ¿Cuánto tiempo estuvo el compositor en el Chaco y qué tareas desarrolló allí? ¿Cómo es que se da su retiro de dicho escenario bélico?

AL FRENTE, CON AMIGOS

Cuando el gobierno de José P. Guggiari, en el final de su mandato, hace la convocatoria a movilización general, miles de compatriotas se presentaron en el Estadio de Puerto Sajonia para alistarse. Luego asumirá la presidencia Eusebio Ayala, quien liderará al país hasta el final del conflicto. Entre los que se alistaban se hallaba José Asunción con dos amigos: Pablo Bogado, hermano de Catalina, su pareja –con quien vivía en la casa de la calle México entre Cuarta y Quinta Proyectada– y Víctor Montórfano.

Flores era ya un músico afianzado en su carrera como compositor e instrumentista, cuando va al frente, desde 1925 en que da a conocer su primera guarania, Jejuí. Luego daría paso a nuevas composiciones instrumentales y cantadas, trabajando con distintos poetas, tales como Rigoberto Fontao Meza, Félix Fernández y Manuel Ortiz Guerrero. Sus canciones, como Arribeño resay, Ñasaindype, India, Panambí vera, gozaban de una amplia aceptación popular y se cantaban en bares, teatros y en serenatas en todo el país.

PREPARATIVOS EN CONCEPCIÓN

En Concepción recalan por un par de meses para hacer entrenamiento en el manejo de armas. En los periodos de descanso charlan José Asunción y Montórfano sobre la amada lejana, que habían dejado atrás y deciden la creación de una obra que les trascendiera en caso de que la parca los llevara en su pelotón. Así surge Purahéi paha (Canto final).

Un tiempo después son embarcados rumbo a Puerto Casado y de allí, por tren, a Isla Po’i, donde son asignados a distintas unidades que van a combatir sitiando el fortín Boquerón, entonces en poder de tropas bolivianas, para reconquistarlo. Está considerada como la primera batalla importante de la guerra.

A Flores le corresponde el Regimiento de Infantería 2 de Mayo, que comanda el capitán Lorenzo Medina. Y está en la primera línea de combate como servidor de ametralladora cuando se inician las hostilidades el 9 de setiembre de 1932.

Es decir, el joven músico servía como soldado raso en la línea de combate, donde se producían muchas bajas a raíz de las eficaces baterías bolivianas. Pero también la sed hacía estragos. Miles de soldados paraguayos rodeaban el fortín y en un momento dado se quedaron sin agua; se creó una atmósfera caótica, en una zona desértica, donde no llovía casi nunca.

Después de un par de semanas de fuertes combates, relata José Asunción: “Mi compañero (Pablo Bogado) y yo nos retiramos de la línea de fuego para buscar alguna agüita, como decían los bolivianos. (…) Llegamos a un puesto de primeros auxilios, donde nos encontramos con miles de soldados sedientos. (…) La sed enmudeció a los combatientes. No existe la más mínima gana de decir una palabra”. Escenas de desesperación, de angustia generalizada por la falta del vital líquido, de moribundos que claman una gota”.

En esas circunstancias –relata el maestro en sus Memorias inéditas–, un soldado que venía en un camión desde Isla Po’i preguntaba por él, llevando un pequeño paquete en la mano. Al encontrarlo, le pide ir a ambos, Flores y Bogado, a un bosquecillo y les entrega una latita de agua enviada por Aniceto Vera. Insuficiente, pero fue un alivio.

RESCATANDO AL SOLDADO FLORES

De vuelta al combate, una noche llega hasta la sede del regimiento el periodista y poeta Facundo Recalde, enviado como cronista de guerra por El Diario, prestigioso periódico de la capital. Solicita al capitán Lorenzo Medina el retiro de José Asunción de la línea de combate. Porta una orden del Comando en Jefe, autorizando dicho acto.

Flores es llamado del pelotón en que servía, bajo el mando del teniente Luis Vallejos y se encuentra con su viejo amigo a quien se lo conocía como FA-RE. Este le comunica la decisión de llevarlo a Isla Po’i, pero el músico se niega a dejar su puesto de combate.

Finalmente accede, pero pone como condición que lo acompañe Vera Ibarrola, compañero de ideales musicales. Y así los tres abordan un camión que lleva heridos desde Boquerón a Isla Po’i.

En el hospital de dicho lugar recibe atención prioritaria José Asunción, porque su estado de salud es calamitoso, dirá. Luego ya en la Comandancia General hace entrega de su fusil y de su yatagán. “Después, personalmente, el general Estigarribia me ordenó que lo acompañara al teniente Recalde (FA-RE) hasta Puerto Casado”, relata.

Ya en este sitio es hospitalizado, debido a que su estado de salud es delicado. Permanece un tiempo largo allí recuperándose hasta que puede volver a Asunción, en la cañonera Paraguay. Es internado en el Hospital Militar nuevamente por unos días, hasta que puede volver a su casa.

DE VUELTA A ASUNCIÓN

Una vez restablecido va en busca de su amigo y coautor Manuel Ortiz Guerrero. Averigua con Arturo Alsina, quien le indica que el vate guaireño, muy enfermo, se ha retirado a una casita en San Lorenzo. Allá va el músico, ubica la casa y lo encuentra en un estado agravado de salud.

Hay que decir que el papel del autor de Loca fue determinante para salvar al músico de una muerte cierta en la línea de fuego de Boquerón. Quien lanzó la voz de alarma fue su madre, Magdalena Flores, mercadera. La misma escuchó la versión de que su hijo estaba muerto o desaparecido en el Chaco paraguayo.

Magdalena va a la casa del poeta y le expresa su angustia, pues ha escuchado que su hijo ha muerto. Ortiz la tranquiliza diciéndole que no es verdad. Y hace llamar a Facundo Recalde, veterano periodista, para pedirle que vaya al Chaco como corresponsal de El Diario, para tratar de retirarlo del frente de batalla a su entrañable amigo. El periódico lo designa como corresponsal de guerra ante la sede militar en Asunción y don Facundo parte al frente con el grado de teniente corresponsal y se presenta ante el entonces teniente coronel José Félix Estigarribia, comandante del Ejército en Campaña, a quien le explica la importancia de preservar la vida de un músico como Flores. Estigarribia accede, con el resultado conocido.

Estos son datos reales narrados por el maestro en sus Memorias.

Estos escritos los culminaría un día de setiembre de 1970, en su departamento de la calle Tucumán, de la capital porteña, desvelando aspectos poco conocidos de trechos importantes de su vida.



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