Fecha de publicacion: 2018-01-08 / Categoria: Reflexiones / Fuente:
LOS AUDIOS Y YO...
Definitivamente, la publicación de los audios por parte del Diario Abc Color, Abc Cardinal, a través de la periodista Mabel Rehnfeldt, ha suscitado una serie de reacciones en la población en general, tales como disgusto, enojos, enfados, irritaciones, rabia, contentos, indignación, etc.; a mí me causó y me causa mucha alegría y un gran contento, algo así como una suave llovizna que me refresca el alma.

Con los audios quedó al descubierto que aquellos colegas que vestían trajes de 3000 dólares, con corbatas de 500 dólares y que nos miraban con casi desprecio las raras veces que nos cruzábamos en los pasillos de Tribunales (ellos arreglan todo por teléfono), no pasaban de ser “delincuentes de cuello blanco “.

No fueron nunca los maestros triunfadores del derecho como se presentaban, no se ganaban el pan aplicando honestamente sus conocimientos al cumplimiento del derecho y a la conquista de la justicia, muy por el contrario, son el rostro purulento de la corrupción que se enseñorea sobre nuestra sociedad.

Hoy está claro que, aun teniendo todas las pruebas a favor, aun siendo inocente, esto no significa – en nuestro país -que ganarás un juicio o saldrás libre de alguna causa penal; si los dioses del Olimpo del poder político reciben dinero o pedidos de otros poderosos, o de la “AMIGA” o amante de alguno de ellos, a fin de enterrarte en alguna cárcel y adueñarse de tus bienes, de seguro llevás la de perder, porque en este país NO HAY JUSTICIA.

Los jueces y fiscales son tan corruptos como los políticos que los manejan y no podría ser de otra manera teniendo en cuenta que para acceder a un cargo de juez o fiscal, obligatoriamente necesitas de un padrino político, necesariamente tenés que hablar con alguien para que te respalde, el juez o fiscal –sea quien fuere- que asegure que llegó al cargo sólo por méritos propios, miente descaradamente; de nada sirve que seas honesto, que hayas estudiado una barbaridad o seas un especialista en cualquiera de las ramas del derecho, para llegar al cargo tenés que hacer “lobby”; eso implica arrodillarse, reptar ante los políticos corruptos y quien claudica en sus convicciones, quien entierra su dignidad y su ética para conseguir un cargo, jamás será digno de él, nunca podrá erigirse en juzgador de las conductas de otras personas, cuando han renunciado a juzgarse a sí mismos: si no puedo ser el más severo juzgador de mis propios actos, no puedo honestamente juzgar a los demás.

En innúmeras oportunidades les he dicho a mis alumnos de Ciencias Jurídicas esto: “Al recibirse de abogados podrán ser sólo una de estas dos cosas: Auxiliares de la justicia o Látigos de la sociedad”.

Carmelo Caballero fue mi alumno, optó por lo segundo, realmente una tristeza como me lo decía una amiga.
Ahora, ojo, hay muchos como Carmelo Caballero, que medran con la justicia por medio de arreglos con políticos corruptos, consiguiendo sentencias y resoluciones injustas, en violación de la ley y el derecho; no son dos ni tres, son muchos más; pero así también existen colegas abogados honestos y capacitados que trajinan los distintos edificios tribunalicios ganándose decorosamente el pan diario.

Mis colegas y yo, esos que no vestimos trajes de 3000 dólares o corbatas de 500, los que usamos sencillos trajes de sastrería nacional, podemos decirles con orgullo que esos sencillos trajes cuelgan de perchas de dignidad y honestidad y la honestidad no se vende, ni se compra.

Por Max Narváez Matto
(ex prof de Criminología)

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