Fecha de publicacion: 2016-05-18 / Categoria: Reflexiones
Haedo Valdez, el que se fue solo a Alemania y volviˇ con una vida nueva
El punta de Paraguay viviˇ abajo de una tribuna y se fue a Alemania a buscar suerte en el f˙tbol a los 17 a˝os. Hoy, habla cinco idiomas y tiene una familia germana, pero siempre vuelve a jugar para Paraguay.

Una mañana de 1996, Antonio Haedo buscó a su hijo y no lo encontró por ningún lado. No estaba en la casa ni tan siquiera había hablado con ninguno de sus vecinos. Lo fue a buscar a un parque donde, le dijeron, estaba jugando al voley con unos amigos. Lo vio sentado, de espaldas, y fue a su encuentro. El pequeño Nelson, de 13 años tenía una cerveza en la mano. Su padre lo miró fijamente durante casi un minuto. Lo miró a los ojos, como se mira cuando se quiere traspasar el alma de una persona. Lo miró tanto que no le dijo nada. Se pegó media vuelta y se fue. Para el jovencito, ese sería el día de la refundación. Volvió a casa y le dijo al jefe de familia que nunca más tendría que ir a por él.

Una mañana de 1998, Silvia Haedo vio como David Trezeguet le bajaba la pelota a Laurent Blanc que, con un derechazo, silenció las ilusiones de aquella selección paraguaya que encabezaba José Luis Chilavert. Silvia, como cada guaraní en aquella mañana, lloró. Lloró como se llora cuando un suceso traspasa el alma de una persona. Lloró tanto que no hizo nada más que llorar. Para su hijo Nelson, aquello fue demasiado. La abrazó y le secó las lágrimas. Luego, la miró a los ojos como su padre lo había mirado hace dos años y le dijo: "Tranquila mamá. Yo voy a se jugador de fútbol y voy a llegar a la selección, para que no te pongas así nunca más".

 

Nelson Haedo Valdez salía a correr cada mañana, un rato antes de ir al colegio, para prepararse físicamente para cumplir su sueño. Los vecinos pensaban que estaba loco por salir a buscar aquellos trotes a tan corta edad. Esos mismos vecinos, años después, le pedirían autógrafos y fotos. A los 16 años, dejó San Joaquín, en el Departamento de Caaguazú y se fue a jugar al Club Atlético Tembetary, una institución pequeña de Paraguay. Su madre estuvo en contra de la decisión. Su padre a favor. Vendrían años de lucha y sacrificio.

Llanero solitario

Nelson llegó a Tambetary con la idea de buscar el fútbol grande de su país, pero terminó durmiendo en la propia cancha del club, debajo de una tribuna, casi como un indigente. De los cuatro chicos que pasaban la noche allí, al mes quedó solo él. Y aguantó. Incluso, juntaba el dinero a monedas para llegar a pagarse el pasaje para visitar a sus padres de vez en cuando. A ellos no les contaba nada. Simulaba que todo estaba bien y les evitaba la preocupación. Y se sacrificaba por ser jugador de fútbol, porque eso era lo único que en su vida no se negociaba.

A los 17 años, un empresario le aseguró que lo quería el Werder Bremen de Alemania. Nelson, que no tenía ni una maleta en el que poner sus cosas, juntó todo en bolsas de supermercado y se subió a la chance. Cuando estaba en el aeropuerto para el primer viaje de avión de su vida, sus certezas se hicieron dudas, al escuchar al hombre que se encargaba de todo decir: "Te mando uno para allá. Fíjense". Cruzó el océano e hizo 10.802 kilómetros desde el calor Guaraní hasta la gélida Bremen, en el noroeste de Alemania. Cuando llegó, en el club ni sabían quién era. Su carta mágica fue la esposa del presidente de la institución, que había nacido en Paraguay, y que le rogó a su marido una chance para el jovencito. Lo probaron en un amistoso. Marcó cuatro goles. Tan siquiera manejaba bien el castellano, pero ya jugaba en Alemania.

El Haedo Valdez luego de aquella tarde fue un animal del fútbol y de mil clubes: Werder Bremen (2002-2006), Borussia Dortmund (2006-2010), Hércules (2010-2011), Rubin Kazán (2011-2012), Valencia CF (2012-2013), Al-Jazira (2013), Olympiacos (2014), Eintracht Frankfurt (2014-2015) y Seattle Sounders FC (2015 a la actualidad). Aquel chico pecoso que hablaba casi todo el tiempo en guaraní hoy se maneja a la perfección en español, polaco, alemán e inglés. Aunque, confiesa, su alemán es mejor que su castellano. Hoy, casado con Martynka Merscheder y con una familia de base germana, vuelve a enfundarse en la camiseta de Paraguay para jugar la Copa América Centenario, porque habrán pasado mil cosas en su vida descabellada, pero aquellas lágrimas de mamá siguen teniendo más poder que cualquier otra de sus historias.

 

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